Publicado originalmente por Mariángela Petrizzo en Medium el 31 de diciembre del 2018

A pocas horas del cierre del año, es casi inevitable caer en cualquiera de los dos polos posibles de comportamiento: sentimentalismo exacerbado, o dramatismo y fatalismo radicales. Aunque esa parece ser una tendencia cíclica, trataré de evitar caer en cualquiera de los extremos, aunque no seré rencorosa si quien me lee piensa que no lo logro.

¿Un problema?

En torno a la carrera espacial de Estados Unidos, han surgido muchas polémicas y dudas sobre lo que se cuenta. Esto, gracias a ideas que por distintas vías nos han instalado sobre la veracidad de los hechos que las noticias oficiales han reflejado. Claro, esas dudas han sido, a mi juicio, instaladas de forma voluntaria y obedeciendo también a intereses específicos, motivados por propósitos financieros.Archivo:Apollo13-wehaveaproblem edit 1.ogg – Wikipedia, la enciclopedia libre
Swigert (CMP): Okay, Houston, we’ve had a problem here. CAPCOM Jack Lousma (CC): This is Houston. Say again, please…es.wikipedia.org

Episodios como el del Apolo 13 y otros tantos, han sido llevados al cine por la industria hollywoodense, y sus ramificaciones, en un afán por contarnos esa realidad. Y ¡hay quien piensa que en el cine todo es real y que es una fuente confiable de información sobre hechos también reales!

Pero quizás un acto de menos soberbia nos ayudaría a aceptar, que la historia que leemos, vemos y compartimos, es apenas una parte de lo ocurrido y que traducir en palabras, imágenes, audios y demás, esos hechos, es apenas un modo en el que se refleja la mirada de quien lo cuenta, siendo incapaz de reproducir de modo fiel todo el panorama.

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Creo en que no hay excepciones. Ni siquiera este artículo lo es.

En fin, parte de las dudas sobre la veracidad de lo contado, parece ser un reflejo más de nuestro recelo en creer que las cosas pueden resultar, en conjunto, exitosas sin que hayan algunos problemas en el camino que empañen su desenlace final. Parece eso, mucho más que el resultado de una comprensión de base sobre el caracter parcial de cualquier hecho relatado.

No demoraré más en explicar que considero subyace en nuestra sociedad occidental. Un problema radical que alcanza dimensiones sistémicas y que tiene que ver con el arreglo de medios a fines y la falta de cuestionamiento de esos fines.

No estoy diciendo nada nuevo, pero debo sumar a las voces que vienen diciendo que es necesario utilizar el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación, en beneficio de acciones que nos ayuden a revertir prácticas perversas en nuestras sociedades occidentales, hegemónicamente capitalistas (en todas sus variantes).

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Parte de nuestro problema en común, tal como lo veo, somos nosotres(1) mismes cuando actuamos sin empatía alguna ante hechos que pueden suponer angustia y desesperación entre quienes los viven.

Sabemos de terremotos, tsunamis, derrumbes, estafas, violaciones, robos y un largo etcétera de calamidades humanas causadas por otros a sus compañeres de planeta, y apenas atinamos a buscar los videos, fotografías, audios y noticias más destacados al respecto.

Hemos convertido nuestro quehacer diario en una tarea de expectadores (irresponsables y alienados), y no nos inquieta serlo si eso nos permite también compartir un poco de nuestras realidades en microshows que, no lo sabemos, reproducen de forma íntegra las formas, los mecanismos, los formatos y los instrumentos, utilizados por aquellos transmitidos por grandes corporaciones, de forma masiva, induciendo ese comportamiento, y haciendo que se reproduzca y se normalice (se haga normal).

El problema, entonces, está en parte en la mirada acrítica y a-empática del trozo de realidad en que habitamos.

La hiper-interactividad en la distancia y la a-empatía en la cercanía.

Soy creyente abierta y declarada de la búsqueda de empatizar con otres, escuchando y actuando.

El proyecto Doula de Ideas, que aunque aún no logra parirse digitalmente tiene ya varies hijes particulares por ahí andando, ha sido hasta ahora un proceso de aprendizaje en medio del constante llamado desde lo cotidiano, a distraerse enajenándose de otres, por obra de la hiperinteractividad en la distancia.

La constante ebullición no sólo en la conexión y uso de plataformas de redes sociales, sino también de la búsqueda de sus usuarios por sacar el máximo de los provechos de éstas, no es algo inocuo. Definitivamente está afectando nuestros modos de relacionarnos en persona, y no es algo que sólo impacte nuestro modo de actuar en fechas señaladas como estas, tal y como ya hay quienes denuncian en un tragicómico video navideño:

En cierto modo aún no previsto con la suficiente gravedad, hemos acabado por trasladar al ámbito de las redes, todas las desigualdades que el capitalismo se esmera tanto en cuidar y mantener.

Todes queremos ser riques, pero la belleza de serlo, radica en que no todes pueden serlo.

La riqueza, los bienes poseídos, las actividades realizadas, el poder financiero detentado, los lugares habitados y poseidos son, en suma, reflejo de esa máxima búsqueda, por cualquier medio. Revisemos los videos de quienes seguimos en Instagram, Facebook, Youtube o nuestros contactos en Whatsapp. ¿Algún video triste por estas fechas?

Entonces, ¿somos todes felices?

La gran estafa.

El ajuste de medios a fines, a gran escala, acaba traduciéndose, entonces, en la utilización de ese proceso de ebullición visible en la curva de desarrollo actual de las tecnologías de información y comunicación, hacia la réplica de los fines hegemónicos en una sociedad que, en el fondo, siempre busca satisfacer fines que permitan sostener las diferencias, el control y las desigualdades.

No digo nada nuevo aquí, pues desde varios espacios ya se pronuncian, abogando por la necesidad de abstraernos de esa corriente autodestructiva casi imparable que parece llevarnos por la inercia como esa suerte de programación colectiva.

El ejemplo del blockchain es absolutamente claro. Aunque el blockchain no sólo sustenta a la moneda digital Bitcoin, lo cierto es que una búsqueda por el término blockchain a través de casi cualquier buscador en línea arrojará prácticamente de inmediato, enlaces directos a negocios basados en esa moneda y, con una alta probabilidad de caer en estafas financieras.

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No seré conspiranóica, pero sólo diré que bien sabemos cómo funcionan esos buscadores y cómo son aprovechados para posicionar ideas en nuestros comportamientos cotidianos, voluntades de compra, de estudio, de relacionamiento y un largo etcétera.

Mientras Kevin Spacey nos entretuvo en navidades con su “Let me be Frank” y las redes sociales como twitter explotaban fuertemente entre la pasión, el disgusto y la anomía, Siraj Raval lanzó ese mismo día un video mucho más interesante y con una repercusión mucho mayor en el curso de nuestras vidas en los proximos meses, lustros y décadas: las tecnologías y modelos de servicios de contabilidad distribuida.

En su video, Kevin Spacey se muestra en lo que parece el plácido mundo social de grises, donde lo ilegal cohabita con lo a-legal y juntos dan a luz a la política, como Hollywood, en forma de Netflix, ha querido que la veamos. Yo diría que se regodea del placer que, cree, causa esa ambigüedad en nosotros y la necesidad que teneos como expectadores de más y más espectáculo.

Al estilo de las batallas a muerte entre los personajes de Los Juegos del Hambre donde no cabía colaboración posible o, mejor, se penalizaba la colaboración y los acuerdos para sobrevivir, Spacey parece querer hacernos creer que ha sido como es por y para nosotros.

Hagamos un alto, ¿habla Spacey, o habla Frank Underwood?

No lo sabemos en realidad. Cualquier opción es posible, y eso es parte de la magia que dicen habita en el cine. Pero hay otras realidades ocurriendo aquí: la persona, no el actor, no el personaje, enfrenta varias acusaciones por abuso sexual. Entonces, en la ambigüedad que disfruta y, afirma, nosotres también, no hay puntada sin lazo: parece que también el abuso del que se le señala responsable, es parte del show y lo es, según Frank Spacey o Kevin Underwood, porque nosotres queremos que así sea.

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El video de Siraj Raval, por otro lado, sin ambajes, conduce al expectador hacia la comprensión de las maneras en que una tecnología como el blockchain ha sido cooptada, primero desde el uso del término en nuestro lenguaje cotidiano, luego a través de tácticas de SEO (Search Engine Optimization) y luego hacia su uso, para beneficio del sostenimiento de ese sistema financiero que soporta las desigualdades propias del capitalismo en que habitamos y que, afrontémoslo, nos habita también de forma evidente por nuestros códigos de comportamiento social.

Su llamado, es hacia un uso más consciente y social de esta tecnología. Comenzando desde el lenguaje: hablando Distributed Accounting Technologies and Service Models (Tecnologías y Modelos de Servicios de Contabilidad Distribuida), en lugar de utilizar al blockchain como una mera oportunidad financiera; y luego usándolo de forma sostenida, intensiva y profusa también, en la solución de problemas comunes; generando espacios en los cuales la colaboración que posibilitan este tipo de tecnologías, redunden en beneficios para todes, sin dejar de ser parte de un modelo de negocio.

Este llamado lo comparto totalmente. En cierto modo, porque no percibo un dislocamiento entre la persona y las propuestas que transmite a través de un medio tan difundido en su uso como Youtube. Pero además, siento empatía con mis propios intereses, pues también me siento en un diario cuestionamiento de las tecnologías por un uso más responsable y amoroso de éstas con el espacio, de forma que cada cual tenga su forma de tener algo (2)

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Sólo una nota no tan al margen. La diferencia de visualizaciones entre ambos videos es aterradora. El video de Kevin Spacey, al momento de escribir este artículo tiene 8.918.677 visualizaciones. El de Siraj Raval apenas unas 39.750 visualizaciones. Si alguien tiene duda sobre la predisposición a distracciones de acciones comunes relevantes, por favor recuerde este hecho.

¿Contradicciones?

Si, todes tenemos contradicciones.

Hasta ahora, no conozco a nadie que no las tenga y creo que parte de la magia de habitar en este momento, es el placer de sentirnos y sabernos humanes asumiendo que también las tenemos.

Disfruto mucho con House of Cards. Así como también veo con frecuencia Black Mirror y estuve muy espectante con el estreno de Bandersnatch.

Confieso que no disfruté tanto el episodio como lo esperaba, aunque me supe parte de la historia que nos habita, pues marcó un hito en la historia de la producción audiovisual. Me sentí frustrada por decidir cosas que no quería decidir, y también me sentí parte de los cuestionamientos que lanza, a estas alturas no sé si soterradamente, incluso a la propia cadena Netflix.

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Lo que comienza mal, no puede acabar bien. Parece ser el corolario de este episodio y confieso que, aunque no comparto esa máxima, presiento que el que muchas personas si lo hagan puede redundar en que la realidad en que habitamos sea percibida de ese modo.

Pero si lo que comienza mal nunca acaba bien es cierto … entonces quizás debamos dar un salto qu4ntico y comenzar a cuidar más nuestros comienzos, ¿no?

Así que, al cierre del año, quizás la mejor invitación que puedo hacer es por ser más humanes, a cuestionarnos sobre lo que nos rodea, pero sobre todo, a no dejar de admirar los espacios en que habitamos y las realidades que se nos revelan a diario.

Y sobre todo … a seguir (de)codificando cada día!


(1) Intento utilizar lenguaje inclusivo. El uso de la “e” busca sustituir el uso preferente del plural masculino sobre el femenino. Es una decisión sobre el uso del “@” que obedece a la búsqueda de enriquecer el español con sus propios símbolos.

(2) Parafraseando al poeta Andrés Eloy Blanco en su poema “Coloquio bajo la palma”


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Mariangela Petrizzo

Politologa y mayeutica por conviccion. Grafitera digital. Madre de tres hojas del viento, paridora de ideas. https://about.me/petrizzo y http://t.co/blTOWGbvLE

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